Dicen que en el amor y en la guerra todo está permitido, pero esto también es válido para el desamor, que a veces se parece demasiado a un conflicto bélico. Cuando dos personas rompen, primero suelen recurrir a la vía diplomática para intentar zanjar sus problemas. Pero la solución por las buenas, sin llegar a litigios, se produce «en muy pocas ocasiones», según coinciden en afirmar los especialistas en separaciones, habituados a que sus despachos se conviertan en auténticos campos de batalla.
Así lo han comprobado ya las 135 parejas de hecho, todas ellas heterosexuales, que se han borrado del registro del País Vasco, puesto en marcha hace dos años y medio y ya con 6.400 inscripciones. En el mismo periodo, se han roto en Euskadi alrededor de 1.300 matrimonios. Porque da igual que quienes deciden partir peras sean matrimonio o pareja de hecho: igual no hay ningún antídoto contra el desamor, tampoco existe ningún régimen jurídico que evite los trámites farragosos cuando se quiere destruir una pareja. Estos son los frentes más frecuentes de la contienda.
DISOLUCIÓN DEL VÍNCULO
Uno de los argumentos más utilizados por las parejas de hecho para justificar su elección es que, en caso de separación, los trámites son más rápidos. Es verdad, pero sólo si esta ruptura se produce por las buenas. En un par de días, si hay acuerdo, la pareja de hecho puede ser historia, mientras que un ‘divorcio exprés’ se consuma en unas dos semanas. Claro que esto sucedería en un mundo ideal y en condiciones casi de laboratorio. La cruda realidad es que el explosivo cóctel de sentimientos, bienes e hijos hace saltar por los aires el afán conciliador de las mentes más civilizadas.
«Si hay conflictos, la cosa puede complicarse mucho en ambos casos, sobre todo en el de las parejas de hecho», destaca Gonzalo Pueyo, delegado en Vizcaya y Álava de la Asociación Española de Abogados de Familia. Tal y como explica, al no contar estas uniones «con una legislación unificada» -hay doce diferentes, según las comunidades autónomas- se pueden producir choques de competencias que obligarían a pasar por el juzgado.
Otro factor que forzaría a las parejas a peregrinar hasta los tribunales es el carácter exclusivamente administrativo (válido para cuestiones fiscales, sanitarias o de subvenciones) del registro de parejas de hecho. Pero si surge cualquier litigio civil (pensiones e hijos) se requiere un proceso judicial. «En caso de ruptura, muchas parejas de hecho descubren que están ‘casadas’, es decir, que hay muy poca diferencia entre sellar un compromiso en un ayuntamiento, una iglesia o la ventanilla de un registro», sostiene Pueyo.
La disolución poco amistosa de una pareja de hecho, según el abogado, puede generar hasta tres procesos judiciales diferentes: uno para liquidar los bienes comunes, otro para la custodia de los hijos y otro para reclamar pensiones. «Todo ello con el consiguiente gasto de tiempo y dinero, claro», apunta Pueyo. Es decir, disolver una pareja de hecho que no se pone de acuerdo es más complicado de lo que la gente cree y divorciarse, cada vez más fácil. Incluso hay una firma de abogados que realiza divorcios por Internet. «Tiene muy buena acogida, ya hemos llevado unos 200 divorcios y hemos respondido a miles de consultas -señala Javier Rincón, director gerente de Midivorcio.com…-. Es más fácil y menos costoso, porque un divorcio, aunque hay mucha competencia desleal en este terreno y profesionales que ‘tiran’ los precios, no suele bajar de los 1.400 euros». Las parejas de hecho tienen en este punto una ventaja indiscutible: recobrar la libertad no les cuesta ni un céntimo. Siempre que no lleguen a los tribunales.
PENSIONES Y REPARTO DE BIENES
Las pensiones compensatorias, las indemnizaciones por convivencia y la liquidación de bienes adquiridos durante el tiempo de vida en común son, quizá, el tema más complicado de solucionar por las parejas de hecho que rompen. Según, Gonzalo Pueyo «mientras que los divorcios cuentan con una teoría jurídica clara», las leyes de parejas de hecho no están unificadas y sólo contemplan cuestiones administrativas, lo que hace que las consecuencias de la ruptura se tengan que ver «casi caso por caso». «A falta de otra cosa, se está imponiendo el modelo ‘anglosajón’, basado en la jurisprudencia», corrobora Rincón.
Un ejemplo. Recientemente, la Audiencia de Burgos estableció una indemnización para una mujer que, durante 19 años, había sido pareja de hecho de un hombre que durante ese tiempo se había enriquecido, mientras ella se encargaba del hogar. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló la indemnización, que ascendía a 114.000 euros, al entender que «no procede compensar económicamente por la ruptura a quien nunca quiso acogerse al régimen jurídico del matrimonio».
Esta sentencia tiene su importancia: la resolución de estos primeros casos marcará una línea de actuación para futuros conflictos. Pero aunque los miembros de parejas de hecho separados no puedan reclamar pensiones compensatorias, sí pueden tramitar judicialmente la petición de una ‘pensión reparadora’.
HIJOS
Hay un apartado en el que los derechos y deberes de matrimonios y parejas de hecho están equiparados: el de los hijos. «En cuestiones como la guardia y custodia o las visitas es exactamente igual», señala Txema Gonzalo, delegado de Asuntos Sociales del Gobierno vasco y autor de la legislación de parejas de hecho en Euskadi. «Además, la ley de parejas del País Vasco ha sido una de las primeras en permitir la adopción de niños. Es una de las mejores leyes de este tipo que hay y también la más ambiciosa».
VIVIENDA
De nido de amor a manzana de la discordia. En muchas ocasiones, cuando una pareja de hecho rompe, la casa donde han vivido se convierte en objeto de disputa. Si la vivienda se ha adquirido de forma conjunta, cada cual es dueño de la mitad del inmueble, a no ser que se haya estipulado otra proporción. «En este caso, no hay tampoco grandes diferencias entre matrimonios y parejas de hecho que han establecido pactos previos. Cuanto más dinero o bienes tiene la gente, más se preocupa por formalizar estos pactos para tenerlo todo bien ‘atado’, por si acaso Bueno, aunque también hay quien presenta listas de enseres y electrodomésticos», explica Gonzalo.
Tras un divorcio, el juez otorga el uso de la vivienda a la parte que precisa de una mayor protección y, tras la ruptura de una pareja de hecho, si no hay acuerdo entre los miembros, se puede pedir judicialmente que se divida el patrimonio. Además, permanecerá en la vivienda quien disponga el juez y, si hay hijos comunes, el piso lo disfrutarán ellos y la persona que esté a su cargo, independientemente de que sea o no el propietario de la vivienda. Vamos, que formar una pareja de hecho no es algo que se pueda hacer a tontas y a locas, no es un trámite inocuo de ‘echo una firmita y ya está’. «Romperla es parecido al divorcio -recalca Txema Gonzalo-. La gente suele estar informada cuando viene a inscribirse en el registro de parejas, pero muchos descubren al iniciar los trámites que la cosa es más seria de lo que creían».
26-11-2005 El Correo Digital
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26-11-2005 El Correo Digital
«Los pactos evitan futuros problemas»
En pleno frenesí romántico algunas parejas de hecho prefieren no pensar en posibles rupturas y rechazan la posibilidad de establecer un pacto que recoja las condiciones económicas y patrimoniales de la separación, «aunque cada vez la gente está más concienciada de que es muy recomendable», dice Txema Gonzalo. Aunque el régimen del matrimonio también contempla la opción de sellar acuerdos prematrimoniales o capitulaciones, en el caso de las parejas de hecho esta herramienta es si cabe mucho más necesaria, ya que, al no existir aún una legislación unificada al respecto y tener que estudiar cada caso concreto, es «mucho mejor haber pactado de antemano las condiciones, porque evita muchos problemas». Así, el registro vasco de parejas de hecho ofrece la posibilidad de acogerse -bien antes de formalizar la inscripción o a posteriori- a uno de los grandes modelos de pacto que existen, aunque también hay parejas que prefieren formalizar un convenio regulador de creación propia. Los pactos -que son susceptibles de cualquier tipo de modificación posterior- se pueden hacer pagando a un notario, en documento público, o de forma privada y gratuita, quedando incorporado al registro de parejas de hecho. Estos pactos les afectarán a ellos y a sus herederos en caso de ruptura.
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26-11-2005 El Correo Digital
ERIZ Y SONIA, PAREJA DE HECHO
«Esto es una prueba»
«Queríamos consolidar la relación y además logramos ventajas fiscales», destacan
«¿Cuándo os casáis?». Eriz y Sonia han oído tantas veces esta pregunta durante los «cuatro años y pico» que llevan juntos que ya se han acostumbrado a responder a esa letanía con una sonrisa y grandes dosis de paciencia. Celebraciones familiares, bodas de amigos, salidas con los compañeros del trabajo, encuentros con viejos conocidos Cualquier foro es bueno para los curiosos que no conciben otro modo de unión que no pase por el altar.
«No es que hayamos descartado casarnos», aclara Sonia, con un tono pedagógico y pausado que sólo puede ser fruto de haber respondido en multitud de ocasiones al mismo interrogante. «Es muy probable que haya boda, pero antes queríamos enfrentarnos a la convivencia», se apresura a matizar Eriz, un ingeniero de Telecomunicaciones baracaldés de 27 años que asegura que este paso «no ha cambiado en nada» su relación.
«Todo muy claro»
La pareja, que comparte piso en Portugalete, empezó a vivir bajo el mismo techo en enero. Ahora, casi un año después, aseguran que la manida frase de que ‘la convivencia es muy dura’ -además, suele llevar como apéndice un racimo de ejemplos de parejas cuyo amor saltó por los aires al vivir en la misma casa- no se ha cumplido. «Al principio le tuve que enseñar a hacer algunas cosas de la casa y luego le chinchaba», bromea Sonia, que recuerda entre carcajadas esos primeros días juntos, cuando tenía que compaginar su trabajo de enfermera con esa «divertida» tarea pedagógica.
Primera prueba superada. El hecho de independizarse, estrenar casa y vivir en pareja no les pasó factura. Así que, tras medio año de vida en común, Eriz y Sonia decidieron dar otro paso más y formalizar la pareja. «Nos informamos muy bien, nos hicimos con las solicitudes y elegimos un régimen económico -recuerda Eriz-. Lo teníamos todo muy claro».
Así que, una mañana de principios de verano, Sonia se levantó y se puso «un poco más mona de lo normal» para ir con Eriz a apuntarse en el registro de parejas de hecho, en la Gran Vía bilbaína. «Nos lo tomamos como un día normal», evoca Sonia.
Hace poco más de un mes recibieron en su domicilio la carta que les acredita como pareja de hecho -«ya era hora», apuntan- y «como pioneros de la cuadrilla» en estas lides, siguen respondiendo preguntas. Sólo que ahora, además de resolver las dudas sobre si habrá boda, también tienen que informar a cerca de las parejas de hecho. En fin, que cumplir este formalismo les ha ayudado a «confirmar la relación o en temas fiscales», pero no les ha librado de la curiosidad ajena, por lo que siguen sometidos al tercer grado.
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26-11-2005 El Correo Digital
Parejas de hecho: Hay más de 6.400, unas 1.205 en Álava, alrededor de 3.243 en Vizcaya y cerca de1.960 en Guipúzcoa. La mayoría de las parejas que optan por esta fórmula son heterosexuales de 30 a 40 años. El 6% son uniones homosexuales.
Divorcio: La nueva ley del divorcio entró en vigor el pasado 10 de julio y sustituye a la que existía desde 1981. Desde entonces, se han separado en nuestro país cerca de un millón de parejas. Acelera el proceso de separación, elimina la obligación de tener que justificar los motivos, permite compartir abogado y, si hay niños, regula las sentencias de custodia compartida. El número de matrimonios rotos ha aumentado un 72% en la última década y se estima que en una década se disolverán la mitad, cifras muy parecidas a las que ya se registran en EE UU o Gran Bretaña. Sólo en Euskadi se separan casi 600 matrimonios al año.
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