Uno de los espacios en los que la dictadura de lo políticamente correcto hace estragos incalculables es en el ámbito de las familias. Para ser más concreto diré que en el de las exfamilias. Hablo de las relaciones entre cónyuges separados y estos con sus hijos. De todos es sabido que para la muy políticamente correcta y más que dócil judicatura española no existe la figura del padre después de una separación. Para estos jueces de nuestros desvaríos sólo existen el niño y la madre. Al padre suelen mandarlo a freír espárragos, a la gran puñeta y a aguantar carros y carretas más grandes que la locomotora del AVE. Este ninguneo vergonzante de la figura paterna suele ocurrir exactamente en el 97% por ciento de los casos.
Ahí es nada, de cada cien parejas que se separan, en noventa y siete casos las mujeres son más responsables, más idóneas y más adecuadas para custodiar al niño; según los jueces. No está mal la proporción.
Estos datos que llaman al bochorno y que producen inevitable sonrojo son del libro “Con mamá y con papá”, de don Juan Manuel Aguilar Cuenca, psicólogo clínico forense que viene por segunda vez a esta página.
Ya ocupó esta columna hace ahora casi un año cuando publicó un volumen sobre el Síndrome de Alienación Parenteral; el maldito SAP lo llamé en aquel artículo.
Saben ya que me refiero a ese conjunto de actuaciones que lleva a cabo un cónyuge divorciado para tratar de separar al hijo de su vinculación con el otro.
Este deporte suelen practicarlo las dos partes, llevándose la palma las mujeres que procuran llegar hasta situaciones en las que el niño termine odiando al padre.
Y no es que las mujeres separadas sean más perversas que los hombres, es sencillamente que como casi todas tienen la custodia del niño, disponen de más tiempo para las labores de acoso y derribo de la figura paterna en la mente infantil.
El padre queda remitido al que se conoce ya en psicología como el modelo “padre burger-king”. No hace falta ser más explícito, la imagen hamburguesera basta.
Dice el autor del libro que en el treinta y cinco por ciento de las separaciones el niño es usado como arma de destrucción selectiva sobre la cabeza, la vida y la hacienda del otro cónyuge. Naturalmente que esto no pasa así sin más.
Todo esto conlleva una suerte de repercusiones indeseables del mayor alcance sobre la estabilidad afectiva del niño.
Entre otros daños colaterales afecta a su equilibrio psicológico, a su rendimiento académico y hasta, en el caso de las niñas, a incrementar su posibilidad de tener un embarazo en edad adolescente.
Asunto este último también para dedicarle no sólo una columna, si no el periódico entero.
Así pues corramos presurosos a la lectura del libro de don Juan Manuel Aguilar, y corra más presuroso aún nuestro cuerpo judicial y nuestra desvariada clase política, a empaparse de unas páginas en las que palpita la experiencia de lo real y no ese mundo ensoñado, ficticio y más que nocivo que la dictadura retroprogresista nos quiere meter entre ceja y ceja
Huelva Información
20-01-06
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