Los niños se convierten a menudo en un arma arrojadiza en los divorcios Los expertos alertan de un nuevo síndrome, el rechazo a uno de los progenitores
Tú a quién quieres más, a tu padre o a tu madre?». En circunstancias normales, los hijos contestarán uno u otro dependiendo de quien le haga la pregunta, porque para él ambos progenitores son (o deben ser) igual de importantes. Pero esta inocente pregunta puede esconder tras de sí un mundo de intereses en un caso de divorcio. A menudo, y cada vez más, los hijos se convierten en un arma arrojadiza cuando sus padres se separan.
Hasta tal punto llega la situación, que los expertos en temas de familia hablan en los últimos años de un «crecimiento exponencial» de casos del llamado «síndrome de alienación parental». ¿En qué consiste? «Uno de los progenitores considera al hijo como suyo, programándolo para que odio al otro sin justificación aparente». Quien lo explica es Soledad Benítez-Piaya Chacón, responsable en Málaga del despacho de abogados de familia Zarraluqui, uno de los más prestigiosos de España en estos asuntos.
Según explica esta abogada, esta situación se produce una vez que el juez ha dictaminado el régimen de visitas y ha otorgado en la «mayoría de los casos» la custodia a la madre. «El hijo va con la casa», es la frase más repetida en los casos de divorcio. Éstas seis palabras caen como una losa en el padre, que en la práctica se ve alejado casi por completo de su/s hijo/s. «Lo más frecuente es que las familias tengan una sola vivienda, con la que se queda la madre», explica Benítez-Piaya.
La voz de los hijos
Cuando en esta situación surge el síndrome de alienación parental -en este caso, el hijo incumple el régimen de visitas y deja de ver a su padre-, los abogados entienden que la vía jurídica -a la que acuden la mayoría de los progenitores- no es la mejor solución. Se desencadena así una serie de acusaciones, una búsqueda de explicaciones que no alcanza el resultado esperado. «Cuando el hijo es mayor de 12 años tiene que ser oído por el juez, y si manifiesta que no quiere ver a uno de los progenitores, ¿quién lo obliga, sobre todo a partir de una determinada edad, a hacer algo contra su voluntad?», reflexiona la abogada del gabinete Zarraluqui.
Esta cuestión lleva a la experta a plantearse si realmente el menor no quiere ir con el otro progenitor por una causa justificada o es el que tiene la custodia el que lo incita a no querer ir, sin justificación alguna. La respuesta, de nuevo, no es sencilla. «Habría que tener más mano dura contra los padres que manipulan a sus hijos», afirma Benítez-Piaya, al tiempo que añade que existen «mecanismos coercitivos concretos, que van desde multas severas la pérdida de la custodia». «En este tema el tiempo juega siempre en contra», asevera.
Y es que la abogada explica que las consecuencias de estas conductas entre los pequeños pueden ser «irreparables». «Son menores que tienen problemas familiares, que les cuesta concentrarse en el colegio y relacionarse con los demás, porque están condicionados por uno de los padres, el manipulador», detalla la abogada. Este progenitor «alienador» es definido por los especialistas como «una personas hiperprotectora, que se considera víctima en la ruptura y que ha sido tratada injustamente». «Quiere vengarse haciéndole creer a los hijos que el otro tiene toda la culpa», explica Benítez-Piaya. «Por mucho que nos duela -prosigue- debemos asumir que tanto la figura del padre como la de la madre son insustituibles en la educación del hijo».
La custodia compartida
Ante esta «tremenda realidad», los abogados de Zarraluqui apuestan por la intervención conjunta de los órganos judiciales, apoyados por equipos psicopedagógicos. «Están funcionando bien y son imprescindibles en los casos de divorcio», afirma la letrada. Además, considera a la mediación familiar una herramienta útil y complementaria para resolver los conflictos.
«Hay que buscar soluciones para evitar sufrimientos», sostiene Benítez-Piaya, para quien lo ideal sería la custodia compartida. «Desgraciadamente eso son los casos menos frecuentes, no suele haber acuerdo entre los progenitores», aclara.
HOY DIGITAL
02.07.06
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