Las siglas Aprome definen a la Asociación para la Protección del Menor en los procesos de separación de sus progenitores. Esta entidad, pionera en España y que nació de la iniciativa privada en Valladolid en 1994, se ha extendido desde entonces a varias comunidades autónomas. Con 14 sedes en Castilla y León, la última de las cuales -y segunda en Valladolid capital- abrirá sus puertas en pocos días, tiene como finalidad «apoyar y facilitar el cumplimiento del régimen de visitas con el objetivo de favorecer el bienestar de los niños».
El «punto de encuentro familiar» se presenta, así, como una alternativa en los casos de conflicto, donde psicólogos y trabajadores sociales facilitan la relación entre padres, madres e hijos. Un lugar neutral, en definitiva, a donde acuden el padre o madre que no tiene la custodia y a donde el otro progenitor lleva al hijo o los hijos que aquel desea ver.
La presencia de los profesionales de Aprome apoya el proceso y garantiza la seguridad del menor y del progenitor vulnerable, evitando posibles situaciones de violencia.
La artífice de la idea, que puso su empeño personal en el proyecto a raíz de un convencimiento propio de que algo así era necesario, es Marisa Sacristán, que de un grupo de voluntarios en un piso de alquiler ha conseguido evolucionar a un proyecto de gestión pública del que se hizo cargo ya en el año 2004 la Consejería de Familia de la Junta de Castilla y León.
La memoria del 2005 de Aprome recoge un incremento del 20,79% del número de intervenciones en Valladolid con respecto al año anterior. Los 7.017 encuentros, entrevistas y reuniones registrados en el 2004 se convirtieron en 8.476 en el 2005. Las cifras, sin embargo, parecen haberse disparado este año, puesto que sólo en el primer semestre de 2006 ya se han contabilizado 5.036 intervenciones, en las fueron atendidos un total de 300 niños.
Juzgados de instrucción y primera instancia, servicios de atención a la mujer y de protección a la infancia, casas de acogida, abogados o incluso ayuntamientos y Diputación derivan el mayor porcentaje de casos, además de otro 5% que acude por acuerdo de la propia pareja.
«Nuestra arma profesional es la neutralidad», señala Sacristán, «aunque es muy difícil que las familias admitan nuestra intervención como neutral, porque en definitiva, al principio somos extraños».
Sin planificación
La preocupante evolución de estos procesos en los últimos años es algo que para la responsable de Aprome está fuera de toda duda. «Cada vez vemos niños más pequeños, parejas que se separan cuando los hijos son bebés, o incluso antes de que nazcan. Nos pasamos años preparando nuestras bodas y, en cambio, decidimos separarnos sin ningún tipo de planificación. Hay que sopesar la decisión y madurarla antes de tomarla, no decidir que todo se acabó como consecuencia de una crisis, sin pensarlo. Ahí se empiezan a cometer errores, a causa del dolor, y a sacar las cosas de quicio, y no se prepara el camino».
Sacristán aboga por la custodia compartida como solución ideal ante la ruptura. «Es la primera solución que hay que aportar a un proceso de separación: es importante que ambos cónyuges puedan mantener una comunicación adecuada, priorizando a los niños, seguir siendo responsables los dos, y cooperando, aunque también se dan casos de padres que piden la guarda y custodia cuando nunca la han ejercido y es obvio que necesitan un entrenamiento. No obstante, afortunadamente asistimos a un cambio cultural que supone que el padre quiere responsabilizarse de los hijos», concluye.Respecto a las situaciones de violencia a raíz de la ruptura, Marisa Sacristán llama la atención sobre la necesidad de distinguir estos casos del maltrato habitual. «No se trata de relaciones basadas en maltrato anterior, sino que es posible que el conflicto de la separación sea lo que genere violencia, un acto violento aislado, tras el cual el agresor suele atentar también contra su propia vida. Ante un hecho violento de este tipo, es urgente la atención inmediata no solo a la víctima, sino también al agresor. Una noche en el calabozo llega a obsesionar, y solo una atención psicológica inmediata que valore el peligro potencial de esa persona puede normalizar la relación», explica.
No obstante, la responsable de Aprome pide que no se enfoque el problema desde la perspectiva del género. «Somos seres humanos, no se puede analizar una relación ni una ruptura solo desde el contexto hombre-mujer, es necesario dejar de poner el cartel de bueno y malo y buscar soluciones».
EL NORTE DE CASTILLA
23.10.06
http://www.nortecastilla.es/prensa/20061023/valladolid/mediacion-como-solucionla-violencia_20061023.html
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/