Vivir solo ha sido hasta hace poco la excepción en España: ya no lo es. Lo que ahora se llaman hogares unifamiliares parece un fenómeno imparable. En mi ciudad, Barcelona, un serio estudio encargado por el Ayuntamiento advierte de que la gente que vive sola es ya el 26,2%: un aumento de casi diez puntos en diez años. Los mismos puntos que pierden las 'familias tradicionales' (padres y dos hijos) en idéntico período de tiempo. Esto es una novedad relativa si miramos las cifras de Nueva York, donde cerca del 70% de la gente vive 'unifamiliarmente', pero esa tendencia a la 'soledad' -voluntaria o involuntaria, que ésa es otra cuestión- revela un cambio profundo en la forma de vida.
No es ninguna novedad que en España el Instituto Nacional de Estadística cifra en más de siete millones las personas 'desparejadas' (entre solteros, viudos, separados o divorciados) y se sabe que esta cifra crece a buen ritmo. Como siempre, la economía ha detectado antes que nadie esta situación: desde hace tres años ferias especializadas (en Madrid y Barcelona) dedican a los 'desparejados' sus mejores cuidados. Más de 100.000 personas y cien empresas expositoras se han reunido en la última edición. Y en Internet triunfan los portales de contactos y viajes de todo tipo para los que ahora se llaman 'singles', literalmente 'impares': la soledad hoy tiene sus compensaciones, ya no hay solterones.
Los 'singles' afrontan su soledad con alegría, como una oportunidad de independencia, libertad y ganas de vivir. Son hombres y mujeres, jóvenes o no. Todo les está permitido: desde trabajar como condenados sin ataduras familiares hasta ocupar sus horas libres en espectáculos, consumo cultural y cuidados extremos de su cuerpo. El 'single' representa, de acuerdo con el plan de vida de la sociedad global, un horizonte de individualismo sin complejos capaz de disfrutar con todo lo que ofrece la sociedad del hiperconsumo. Una vida sin más compromiso que uno mismo: ése es el 'ideal' humano que avanza, sin tregua, entre nosotros. Su única contrafigura es el marginado: un 'single' sin dinero y con su frustrante soledad a cuestas.
Paradojas de lo 'impar'.
EL CORREO DIGITAL
28.11.06
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